viernes, 25 de mayo de 2012

Once Upon a Time: Cenicienta

Se que esta vez voy con retraso, lo siento! Parece que no consigo quitarme el catarro de encima, así que ayer segun cené me fui a la cama hecha una piltrafilla.

Es posible que algunos ya hayas leido este cuento, pues ya lo compartí por aquí hace tiempo (de hecho, fue este cuento el origen de todo el proyecto final). Aun así, espero que disfruteis con las fotos. Puede que visualmente no sean tan impresionantes como las de La Reina de las Nieves, pero técnicamente han sido las fotos más complejas de todo el proyecto, y estoy muy contenta con el resultado. 
Quiero dar las gracias a Esti, que me ayudó con el tema de flashes, porque si no esto habría sido un fracaso XD así de claro.


Y con esto termina el proyecto. Me alegro muchísimo de la acogida que ha tenido, gracias a todos! Ahora sólo espero que a mis profesores les guste tanto como a vosotros XD.



Cenicienta


Cenicienta giraba y giraba al compás de esa estúpida música de corte que ni tan siquiera le gustaba. A su alrededor apenas conseguía distinguir una vorágine de colores y rostros borrosos que la observaban, haciéndola sentir como un tiovivo. El príncipe la guiaba como a la más experta bailarina, mirándola extasiado, y ella no conseguía entender cómo no se había percatado de ninguno de los bestiales pisotones que podrían haber atravesado el pie de cualquiera.
Cenicienta empezaba a sospechar que en la cabeza del príncipe tan sólo brillaba su gomina.
Intentó coger aire para comenzar una amistosa charla, pero casi pudo escuchar a sus costillas crujir y chillar de dolor dentro de aquel maldito corset. Dios, aquello debería estar reservado a los condenados a muerte. Así pues, se abstuvo de hablar y no pudo sino dibujar una extraña mueca de camino entre sonrisa y gesto de dolor.
Otro giro, y otro, y Cenicienta se aferraba a aquel niñato de cara bonita por la sencilla razón de disimular los traspiés que una y otra vez cometía al pisar el molesto vestido del hada madrina. Se estaba mareando aun más que en aquella ocasión cuando era niña en la que probó a escondidas el extraño tabaco que su padre recogía de las plantas del jardín.
Finalmente, el enorme reloj comenzó a pregonar las ansiadas doce campanadas, y Cenicienta no perdió la oportunidad de huir como alma que lleva el diablo. Recogiéndose el vestido que le impedía andar por encima de las rodillas, echó a correr a trompicones, escuchando a su espalda los gritos de sorpresa del príncipe. 


No había acabado de descender la gigantesca escalera de la entrada cuando harta ya de tanto teatro se detuvo en seco.
- Estos estúpidos tacones me están matando!
Se arrancó los delicados zapatos sin miramientos, jurándose que se los haría tragar al hada madrina, y ya iba a reanudar su desenfrenada huida cuando oyó los gritos incoherentes del príncipe en lo alto de la escalera. Sintiendo que su crispación rozaba cotas peligrosas, le lanzó con furia una de aquellas pesadillas de cristal llamadas zapatos, esperando fervientemente que aquel taconazo le atravesara la cabeza. Falló.

  


- Puedes quedártelo y aprender a bailar con ellos, niñato!- le gritó enrabietada por su mala puntería.
Dando media vuelta, recorrió el trecho que la separaba de ese carruaje hortera y cerró la portezuela tras de ella.
“Joder, que difícil es ser princesa…” pensaba Cenicienta mientras su carruaje se perdía en la noche.

Cenicienta se arrepentiría toda su vida de haber dejado aquel zapato en manos de un cabeza hueca engominado.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Once Upon a Time: La Reina de las Nieves

Aquí vengo con la tercera entrega de cuentos de Once Upon a Time. Muchísimas gracias a todos los que me estais dejando comentarios y compartiendo conmigo vuestra opinión sobre el proyecto >w<


Este va por Sara, por el frío que pasó y la ilusión que le puso. Reinanieves forever & ever :*



La Reina de las Nieves

Hay ocasiones, cuando todo va bien y nuestras vidas giran en torno a una ordenada rutina, en las que el ser humano, en su interminable capricho, acaba pasando por alto su propia fortuna. Y así, aletargado por su confort diario, termina obviando su buena suerte y ansiando más y más y más... Pero no debemos olvidar que en ocasiones, el más mundano de los deseos está fuera del alcance de muchos... y que los reyes no son siempre los más ricos.



Quizá fue la soledad de aquel castillo helado, quizá la ironía de poder tener todo aquello que deseara excepto su anhelo más humano... nadie sabe a ciencia cierta qué fue lo que empujó a la Reina de las Nieves aquella fría tarde de principios de invierno, cuando los primeros centímetros de nieve comenzaban a amontonarse contra los muros de las casas.



“Míralos, jugando allí en la lejanía ¡son tantos! Sus caritas arreboladas por la excitación, y esa risa dulce como la miel... quizá podría acercarme un poco... quizá podría... ¡hay tantos...! Tan sólo quiero uno, uno solo... nadie tendría por qué notarlo, ellos pueden tener más... yo, en cambio... - se aferró la cintura con un gesto crispado que cada vez se le hacía más familiar, como un tic del que ya no podía desprenderse - ... nada, ¡nada puede crecer aquí! vientre árido como el eterno invierno en el que vivo, erial desnudo de sueños que se hicieron añicos sin apenas desplegar las alas...


>>¡Oh cruel ventura, maldita zorra envidiosa de mis anhelos! ¿Acaso por ser quien soy, soberana del páramo helado, Reina de las Nieves, no tengo derecho a algo de calor? ¿Al simple abrazo de ese pequeño cuerpecito contra mi pecho? ¡Soy mujer, al fin y al cabo! - clamaba al cielo, a quienquiera que pudiese estar escuchando allí arriba - ¿Por qué, si puedo tenerlo todo, soy incapaz de algo tan natural como dar vida a otro ser humano? - sollozaba la reina, sin poder apartar los ojos de los juegos que compartían los niños más allá.- Y ellos, pusilánimes privilegiados, son padres sin buscarlo, ¡incluso a veces sin desearlo! ¡Los maldigo a todos ellos!... ¡OH! ¡Uno de los niños ha caído! Oh no, no llores... no llores mi amor ¡que alguien lo consuele, por favor!” 

Pasó por el pueblo como una exhalación, como un soplo de viento helado que hizo estremecer a todos y cada uno de los transeúntes... y para cuando quisieron preguntar al vecino qué había pasado, el niño había desaparecido.

La desesperación y la locura, dicen, vienen a menudo cogidas de la mano.

- Tranquilo, mi pequeño, ya estás a salvo. No te dejaré jamás. No tiembles... ¿tienes frío? Ven, métete bajo mi piel de oso - sonreía con dulzura la reina, abrazando al niño robado.- Pronto llegaremos a casa, y te prepararé un chocolate caliente.

Con sus labios helados, besó la frente del niño una vez, y este dejó de sentir frío.

Volvió a depositar otro beso en su frente, y el pequeño dejó de sentir miedo.

- ¡Por favor mi reina, no lo hagais! - le rogaron los animales del bosque a su alrededor, asustados por la locura de su soberana - ¡Su madre le estará buscando!


Pero la reina ya sólo tenía ojos para aquel niño precioso que la miraba con su curiosidad infantil, con sus mejillas arreboladas. 




Y besó su frente por tercera vez, borrando sus recuerdos. Y el niño olvidó a su mamá. 


martes, 22 de mayo de 2012

Once Upon a Time: La Bella Durmiente


Quiero daros las gracias a todos por la increíble acogida que está teniendo esto, no sabeis lo mucho que significa para mí >w<. Cosas así son las que me animan a seguir trabajando y aprendiendo!
Hoy os traigo un cuento mucho más agridulce, así que lo siento por todas las personas que me han dicho que Caperucita les ha dado animos, porque dudo mucho que Aurora lo haga también! XD Aun así, espero que disfruteis con su lectura y no me lo tengais muy en cuenta. Ya he dicho que yo no creo mucho en príncipes y perdices XD



 La Bella Durmiente
Los trapos vuelan sobre la cabeza de Aurora. Rosa, azul, rojo… Con medio cuerpo enterrado en el armario, parlotea por lo bajo consigo misma mientras busca entre perchas y cajones.
¿Qué ponerse? ¡¿Qué ponerse?! ¿Quizá aquel Versace en amarillo? No, qué tontería, ¡esto no es un brunch!  ¿Y el Chanel negro, ese con pedrería en la cinturilla? ¡Pero tampoco es una fiesta de noche! Necesita algo liviano, algo elegante pero no demasiado atrevido, algo fresco…
Un jirón de gasa blanca le roza la mejilla. Aurora se lo queda mirando embobada, intentando encontrar dueño a aquel volante luminoso. ¿Año? ¿Diseñador? ¿Corte? Y sobre todo… ¿precio?
Saca el vestido del armario y una sonrisa encantada le llena el rostro poco a poco ¡Perfecto!  Lo deja deslizar por su espalda, maravillándose con la suavidad del tejido, y una vez vestida se acerca al tocador dando saltitos de emoción.
No termina de creérselo del todo, ¿realmente es ella la elegida? Se mira en el espejo, ahogando un gritito histérico, y un momento después se regaña a sí misma, instándose a la calma. Felipe no quiere pasar la velada con una niñata sobreexcitada, busca una joven con clase, inteligente, prometedora… qué narices, ¡la busca a ella!
Piensa en todas sus amigas y en las no tan amigas, todas ellas murmurando nerviosas cada vez que Felipe pasa por su lado y les dirige su encantadora sonrisa. Piensa en la cara que se les quedará al verla aparecer en la fiesta del brazo de Felipe… nota que se sonroja y un suspiro trémulo huye entre sus labios ¡todo esto parece un cuento de hadas!
Sus padres están tan extasiados como ella, piensa Aurora mientras se empolva la cara y decide el tono de pintalabios que llevará. Pero es natural, ya que Felipe es el único hijo de los dueños de una importante cadena hotelera. Hablando en términos prácticos, el chico es una mina de oro. Un prometedor partido para Aurora y su familia. Una parte de ella la avisa de que quizá debería sentirse molesta por el hecho de que sus padres quieran “venderla” al mejor postor tan sólo a cambio de futuros negocios, pero sinceramente, ¿a quién le importa, si el chico escogido es Felipe? El guapo, encantador y principesco Felipe.

Unos últimos toques de maquillaje y la fiesta dará comienzo.
***
Aurora observa sin demasiado interés las burbujitas que suben hasta la superficie de su copa de champán. No le gusta demasiado el alcohol, pero esta ya es su quinta copa y comienza a saberle bien. Aunque quizá el hecho de que la cabeza le de vueltas desde la tercera ayuda.
Felipe no ha hecho acto de presencia aun. Se siente un poco estúpida por creer que lo encontraría plantado en la entrada de la fiesta esperándola, como el típico paleto de instituto público. No, está claro que es un hombre ocupado, muy inmerso en los negocios familiares a pesar de ser tan joven. Probablemente estará ganando puntos de cara a algún inversor jugoso, aunque eso la deja a ella sola y aburrida en mitad de aquel fracaso de fiesta.  Para colmo de males, un grupito de chicas de su edad no dejan de mirarla con sorna, soltando alguna que otra carcajada mal disimulada. Imagina que alguna de sus amigas se ha ido de la lengua, y todas saben que Felipe debería estar con ella. No puede evitar enojarse con sus amigas, aunque ella era perfectamente consciente de que se correría la voz y lo estaba deseando. Suspira sonoramente, y ya se lleva la copa de nuevo a los labios cuando nota que alguien se apoya en la pared junto a ella.
- Menudo asco de fiesta, ¿no? – comenta una voz a su derecha, haciendo que un escalofrío le recorra la espalda.
Gira el cuerpo ligeramente, intentando parecer molesta, indiferente, cualquier cosa que no sea el manojo de nervios que hace que sus rodillas tiemblen, pero todo es inútil al toparse con esos dos ojos verdes. Siente que se derrite.
- Lo cierto es que sí, no pensaba encontrarme con semejante ejército de jubilados – contesta la joven, intentando imprimir a su voz el aburrimiento que sentía pocos segundos antes.
- ¿Y qué esperabas? Es una fiesta benéfica. Siempre se llenan de viejos intentando aparentar interés por algo que no sean sus propias empresas. – le confiesa Felipe en tono confidente, acercándose más a ella.
Aurora suelta una risita, entre divertida y nerviosa.
Se percata de que las chicas del otro lado de la habitación ya no sonríen, sino que cuchichean entre ellas y la miran con odio. Siente que se sonroja de pura satisfacción y envalentonada, les dedica una larga mirada de suficiencia, hasta que el roce de la cálida mano de Felipe en su brazo la devuelve a la realidad.
- Oye, ¿por qué no salimos de este sitio? Somos jóvenes, la fiesta nos pertenece a nosotros.
La mira con una intensidad que la desarma. ¿Cómo negarse?
- ¿Tienes algún plan ultrasecreto? – intenta bromear.
Él esboza una media sonrisa indescifrable y la toma de la mano, guiándola fuera de la habitación entre los siseos de las demás arpías.
Perdedoras… piensa Aurora lanzándoles una última mirada.
***
Parecen intentar huir del edificio sin que nadie los vea. Esquivan a la gente, se esconden tras las elegantes columnas, chocan entre ellos y ríen nerviosos. Felipe no le suelta la mano ni un segundo ¡oh, es todo tan romántico! Ni en sus mejores sueños habría imaginado algo así.
“¡Realmente es como un cuento de hadas!” piensa la chica encantada, sintiendo las mejillas encendidas y el corazón rebullendo como loco en su pecho. Felipe la guía hasta la parte trasera del jardín, en donde hay dos viejos butacones. Aurora los mira entre curiosa y extrañada.
- ¿Es tu lugar secreto? – pregunta con los ojos muy abiertos.
Él levanta una ceja durante un instante, antes de volver a esbozar aquella extraña sonrisa.
- Algo así.
Hace un gesto hacia una de las butacas para que Aurora tome asiento, y después se sienta frente a ella.  Se lleva la mano al bolsillo del pantalón y saca un pequeño tubito que contiene un polvo dorado. La chica lo observa con curiosidad.
- ¿Qué es eso?
Felipe se detiene en seco y la mira con expresión sorprendida.
- ¿Nunca te has colocado?
Aurora niega con la cabeza, mientras nota que algo extraño se agita en su interior. Se siente estúpida al no haberse percatado de que era droga lo que Felipe sujetaba en la mano. No, nunca la ha probado, desde luego. Sus padres se han cuidado mucho de enseñarle que la droga es mala… aunque lo mismo dicen de los festivales, la comida rápida y otra larga lista de cosas que molan. ¿Por qué no podría esto ser lo mismo? ¿Alguna vez le han dado algún razonamiento lógico más allá del “no tomes drogas”?
Pero Felipe suelta una carcajada, aparentemente divertido.
- ¡Esto va a ser mejor de lo que pensaba!- exclama- Ya verás, el primer viaje es siempre el mejor.
Aurora está nerviosa y se plantea por un instante negarse a probar nada, pero al momento se regaña a sí misma.
“No seas cría, ¡estás con él! ¿qué podría pasar?” se recuerda. Piensa en esos yonkis acabados que sacan siempre por la tele y después mira a Felipe, trajeado, elegante, con perfecto control sobre todo lo que ocurre en su vida. Las diferencias son tan abismales que no puede evitar sonreír ante sus dudas.
Felipe ya está dibujando finas líneas doradas en el dorso de su mano, y sin mucho teatro se coloca un tubito contra la nariz y aspira con fuerza una y dos veces. Echa la cabeza hacia atrás y suelta un suspiro de satisfacción antes de dibujarle a Aurora otro par de rayitas doradas y pasarle el tubito de plástico. Ella duda durante un solo segundo más antes de decidir que no es ninguna cobarde, que seguirá a Felipe hasta el fin del mundo y que confía en él. Que es el príncipe de su cuento particular.
Aspira con fuerza. Algo le golpea directamente en el cerebro, tras los ojos. Traga con dificultad y nota cómo se le adormecen los labios, la garganta…  y de pronto lo siente, es casi inmediato. Una energía extraña que recorre cada centímetro de su cuerpo, que parece electrificar cada poro de su piel. Euforia, alegría. Se deja caer en la butaca, encantada, y ríe con fuerza al pensar en los estúpidos miedos de sus padres. Felipe se acerca a ella con lentitud, como tanteándola, pero Aurora siente que ha perdido todos sus absurdos miedos, ya no tiene dudas. Agarra a Felipe por el cuello de la camisa y lo atrae hacia sí, y ambos se funden en un largo beso. El corazón le late a mil por hora, las manos le tiemblan ligeramente. Un zumbido extraño resuena en sus oídos. 
Cierra los ojos y se pierde en la sensación, con la respiración acelerada. Nota algo que baja por su cuello, unas manos que intentan colarse bajo su ropa. Una pequeña, diminuta parte de ella parece advertirla de algo, pero es como una voz lejana, una sensación de alarma que la roza sin terminar de hacer mella. Algo le dice que esto no está bien, que en condiciones normales no lo permitiría. Intenta aferrarse a esa idea, intenta darle forma para entender qué es lo que está mal, pero los temblores han pasado a sus piernas y el zumbido en sus oídos comienza a ser ensordecedor. Abre los ojos con dificultad y el mundo a su alrededor parece estar sufriendo un terremoto.
- ¿Qué… qué me pasa…? – dice una voz a miles de kilómetros. Se asusta al comprobar que es la suya.
Consigue enfocar a Felipe a su lado. El chico está blanco como el papel y la mira con los ojos muy abiertos. El miedo golpea a Aurora por primera vez como un mazazo, y entiende que algo le está pasando. Tiende la mano hacia Felipe y siente como si su brazo pesara varias toneladas. Dios, se siente tan cansada… cada respiración se le antoja un esfuerzo sobrehumano, el corazón parece querer estallarle en el pecho. Una idea se abre paso con dificultad hasta ella. No pasa nada, Felipe está a su lado y la salvará. La llevará a un hospital, se quedará junto a ella, le tomará la mano y besará sus labios para traerla de vuelta a la vida… como en los cuentos. La oscuridad parece acecharla por todas partes, su radio de visión se reduce cada vez más.
- Felipe… - consigue pronunciar aquella voz lejana, quebrada y débil.
El chico la mira con ojos desorbitados. Gira sobre sí mismo y echa a correr. No hacia la casa, sino hacia la calle. No vuelve la vista atrás. Ni una vez. Aurora no comprende. Su destrozado cerebro no consigue hilar lo que ven sus ojos. No comprende nada… y tiene tanto sueño…

La oscuridad la engulle.


lunes, 21 de mayo de 2012

Once Upon a Time: Caperucita Roja

La semana pasada entregué por fin mi proyecto final. Estoy bastante satisfecha con los resultados. Ha sido mucho trabajo, mucha gente que me ha echado un cable, muchas cosas las que he aprendido... y estoy encantada de poder mostraros por fin las imágenes resultantes.


Desde que tengo memoria mi madre siempre nos ha leido muchos cuentos a mi hermana y a mí. Casi cada noche, siempre que la voz se lo permitiera (y no hubiesemos sido muy revoltosas) nos leía uno o dos antes de dormir. Me encantaba.


Este proyecto es una vuelta de tuerca a esos cuentos que todos conocemos, que nos han leido o contando siendo niños, pero desde un punto de vista más maduro. Una suerte de denuncia social y una llamada de atención al absurdo final feliz que presentan muchos cuentos infantiles. Un retrato del claroscuro del mundo en el que vivimos.


Espero que lo disfruteis :)




Caperucita Roja


- Me voy, volveré en un rato.
Caperucita intentó escabullirse lo más rápidamente posible, pero la voz altanera de su madre no tardó en llegarle desde atrás:
- ¿Ya vuelves a salir disfrazada? Sabes que no me gusta y aun así lo sigues haciendo, qué poco quieres a tu madre.
Caperucita suspiró con resignación y se giró hacia ella intentando no mostrar la crispación que sentía. El vuelo de su falda giró con ella con un suave frufrú.
- Mamá, sólo voy a dar una vuelta ¿qué más da lo que lleve puesto?
- No da igual, luego los vecinos hablan. ¿Qué cara se supone que tengo que poner cuando me pregunten por mi hija la rara?
Caperucita sabía que no podría ganar ese asalto jamás, y no quería llegar tarde, así que decidió hacer algo que sabía conseguiría aplacar a su madre por unas horas: darle la razón como a los tontos.
- Tienes razón mamá, no debería haberme puesto esto. Te prometo que me cambiaré a la vuelta.
- Desde luego que lo harás - volvió a internarse en la cocina y apareció al segundo con una cesta de mimbre en la mano. Caperucita ahogó un gemido de fastidio.- Ya que vas a salir, lleva esto a tu abuela, que hoy no parece encontrarse demasiado bien.
Caperucita cogió la cesta al tiempo que lanzaba una mirada de súplica a su madre.
- Pero tengo cosas que hacer… ¿no podrías llevársela tú?
- ¿Ahora me discutes, no tienes suficiente con que te deje salir a la calle con tus disfraces? – despachó a su hija con un gesto de la mano.- Venga, seguro que tu abuela está deseando verte. ¡Y no te…!
- “… no te acerques a los locales de Potxo”. Lo se, mamá – repitió Caperucita de carrerilla, girándose hacia la puerta.
- Eso es. No me gusta nada esa zona, está llena de indeseables y drogadictos. No tendrán cosa mejor que hacer que desperdiciar su vida aporreando guitarras- mascullaba su madre mientras la acompañaba hasta la calle.- Te quiero de vuelta para la cena, ¿de acuerdo?
Caperucita asintió rápidamente mientras se escabullía por la puerta y echó a andar calle arriba, internándose en la ciudad. A cada paso que la alejaba de casa, sentía cómo algo se aflojaba en su interior, haciéndola un poquito más ligera. Inspiró larga y pausadamente, intentando deshacerse de aquella molesta frustración que la invadía.
Aunque Caperucita ya rozaba los veinte, su madre seguía tratándola como si fuese una mocosa de diez años. Su afán sobreprotector  hacía cada vez más opresivo el ambiente en casa e impedía que Caperucita pudiese madurar y relacionarse de forma normal.
“Pero la gota que colmó el vaso llegó aquel día, con mi primer vestido…” pensó Caperucita, recordando el momento en el que había desempaquetado toda aquella cantidad de tela, con sus bordados, con sus detalles cuidados al milímetro.  


Algunos paseantes se cruzaron con ella, haciéndole un chequeo completo de cabeza a pies con los ojos como platos. A su espalda oyó risitas socarronas.
“Siempre igual, ya debería estar acostumbrada” pensó Caperucita meneando la cabeza. Podía entender las miradas, al fin y al cabo sabía que su forma de vestir se salía de lo habitualmente catalogado como “normal”; incluso podía entender los comentarios sorprendidos… pero las burlas… ¿por qué burlarse? No dejaba de ser simple ropa.
“Es sólo ropa” se repitió furiosa.  Una forma más de exteriorizar su yo interior, su creatividad o su estado de ánimo. Formas, colores, bordados, tejidos… toda una forma de expresión a través de una simple prenda de vestir.
“¡Déjalo, ya vale!” se regañó, molesta consigo misma “No es momento de quejarse, es momento de… momento de…” sintió que se ruborizaba. Momento de poner a prueba los límites que se le habían impuesto, de ser ella misma por fin. Esa noche actuaría El Lobo Feroz, en directo.
 
Le vinieron a la cabeza como un fogonazo ese par de ojos ambarinos que parecían brillar con luz propia, esa media sonrisa que había pasado de irritarla a hipnotizarla. Su espíritu salvaje la atraía y asustaba a partes iguales, representando todo aquello de lo que la habían advertido desde que tenía uso de razón. Pero él parecía tan auténtico, tan…
“Tan libre” pensó Caperucita, suspirando.
Recordó su primer encuentro, la vertiginosa escala de un solo de guitarra que la atrajo hacia aquel local cochambroso ignorando cualquier prohibición materna. Y de pronto, por encima de la guitarra, por encima del punteo del bajo, incluso por encima del estruendo del doble bombo… una voz profunda, ligeramente rasgada, cargada de sentimiento. Para cuando quiso darse cuenta Caperucita se encontraba clavada en el vano de la puerta entreabierta, los ojos fijos en ese extraño que aferraba el micrófono con una furia desconocida para ella, que casi parecía querer rozarlo con los labios. Y esa media sonrisa cuando la descubrió observando, y su voz entre sorprendida y divertida:
- ¿Te has perdido, niña?

Caperucita se notó enrojecer hasta la raíz de sus tirabuzones e intentó huir, pero el chico la había aferrado por la muñeca y le había hablado con voz más suave:
- Hey, hey, ¿a dónde vas? No vamos a comerte, ¿sabes?
Por su mente habían desfilado como una saeta de fuego todas y cada una de las palabras de su madre: drogadictos, descarriados, inútiles sin futuro, ladronzuelos, camorristas…
Por primera vez se había sentido vulnerable con su extravagante ropa,  y casi había esperado la lluvia de comentarios hirientes que aquellos chicos de dudosa reputación estarían maquinando mentalmente en cuestión de segundos… pero se equivocaba. Aquellos chicos habían resultado ser personas increíbles, complejas, llenas de matices y de sueños que se le antojaban arriesgados y maravillosos. Y entre ellos, con su misterio y su carismática sonrisa, estaba él… el lobo feroz de su cuento de hadas.
Divisó al final de la calle la entrada de la sala donde se celebraba el concierto. La gente ya estaba entrando, así que se apresuró, sin saber si el corazón le martilleaba en el pecho por la carrera o la emoción.
***
El auditorio era pequeño y cutre, y un humo criminal parecía querer arrancarle la voz antes incluso del comienzo de la noche. Las luces se apagaron acompañadas de un vuelco de su estómago, y por unos segundos interminables sintió el corazón latir en su garganta al compás de los aplausos estruendosos de la multitud.
El Lobo Feroz saltó al escenario.

Salvaje hasta el punto de resultar erótico, indomable, implacable, furioso, triunfante dejaba deslizar sus ojos ambarinos sobre cientos de caras anónimas que se arremolinaban frenéticas a sus pies, sedientas de esa dosis de adrenalina que sólo la música en directo es capaz de dar.
Y de pronto esos ojos, clavados en los suyos. Y ahí está, esa media sonrisa, haciendo que su piel se erice, que la realidad que la rodea huya lejos, y que sus dedos rocen un cielo prendido en su voz, y en esa mirada de oro fundido.

El Lobo se alejó y la burbuja estalló en mil pedazos. A su alrededor la gente enloquecía con su actuación. Caperucita volvió a buscarle, pero ya había desaparecido al otro lado del entarimado, devorado por los brazos que clamaban su éxito a gritos.
 “Qué pequeño bastardo” pensó Caperucita, sintiendo cómo su cuerpo temblaba como un maldito flan. Pero el más dulce de los olvidos se apoderaba de ella a medida que una sobredosis de endorfinas recorría su cuerpo bañado en sudor. Se unió al clamor enfebrecido de la multitud y dejó que el descontrol la invadiera por completo.
***
Para cuando Caperucita consiguió abrirse paso hasta la calle entre la maraña de personas que llenaban la sala, ya hacía un buen rato que el concierto había terminado. Fuera estaba anocheciendo, y Caperucita se maldijo al pensar que llegaría tarde a casa. Inspiró profundamente y ya se disponía a echar a andar cuando escuchó una risita familiar a su derecha. Giró la cabeza y allí estaba él, con una ceja levantada mientras punteaba distraídamente una guitarra.
Le hizo un gesto para que se acercara. Caperucita inspiró profundamente, instándose a sí misma a no perder la calma. Se dejó caer contra la pared, junto a él.
- ¿Te ha gustado? – preguntó con una sonrisa.
- Lo cierto es que si, sois mejores de lo que pensaba – contestó ella echando una rápida mirada al reloj.
- ¿Tienes prisa? – comentó con curiosidad el Lobo.
- Digamos que ahora mismo debería estar despidiéndome de mi tierna abuelita en vez de charlando amigablemente con un lobo guitarrista – contestó ella, mordaz.
- Ya veo… - el Lobo soltó un suspiro, dejando escapar un acorde indefinido de entre sus dedos.- No son demasiado permisivos en tu casa, ¿verdad?
- Sólo hacen lo que creen mejor para mí.
- Pero eso no significa que lo sea – determinó el Lobo, girándose hacia ella y clavando sus ojos en los de Caperucita.-  Cada persona es un mundo, niña, y lo que para tus padres es la gloria para ti puede ser un jodido infierno. Hay personas que necesitan espacio, aire a su alrededor para poder echar a volar, que necesitan libertad para poder expresar todo lo que bulle en su interior.
- ¿Es lo que haces tú con tu música? – preguntó Caperucita, intentando aparentar tranquilidad.
- ¿ Es lo que haces tú con tu ropa? – contestó el Lobo a su vez dando un paso hacia ella y acariciando la caperuza con la punta de los dedos.
Algo se resquebrajaba en el interior de Caperucita, haciendo que apartara la mirada. Una amargura desconocida para ella atenazó sus cuerdas vocales e hizo que su voz temblara.
- Qué más da lo que yo haga. Es mi familia y les quiero, tengo que respetar su voluntad.
- Respetar no es hipotecar tu vida en pos de unos valores que no son tuyos, niña. Mírame – el Lobo la aferró por la barbilla con suavidad, obligándola a mirarle. –Eres una gran persona, con todos tus matices… incluso con tu extravagante ropa – comentó con una sonrisa, dando un golpecito al pompón que coronaba la caperuza de la joven.
Dio otro paso hacia ella,  y Caperucita pudo sentir su aliento afrutado rozándole el lóbulo de la oreja. Mil y un gritos inconexos explotaban en su mente, la instaban a huir, a abalanzarse sobre él, a abofetearlo y a devorarle la boca. Simplemente permaneció clavada en el sitio, con el corazón retumbando en su garganta como una locomotora fuera de control.

- Todos levantamos muros entre nosotros y ciertas partes del mundo que pueden dañarnos, pero escondida tras esas cuatro paredes que tu familia ha levantado por ti a base de prejuicios te estás perdiendo grandes cosas – susurró el Lobo en su oído. Y en su camino de vuelta, buscó la boca entreabierta de Caperucita.
Una eternidad o una millonésima parte de un segundo después (Caperucita no habría podido jurarlo) sintió de nuevo el aire frío sobre sus labios. Abrió los ojos y vió que el Lobo le tendía la mano con una media sonrisa.
- Vamos, te acompaño a casa.
Caperucita tomó su mano, pero negó con la cabeza.
- No, a casa no. Me apetece dar un paseo.

sábado, 12 de mayo de 2012

Las lolitas de ciudad se van al campo

Con tanto cambio de temperatura, he terminado por pescar un trancazo de los buenos, de los que te encadenan al rollo de papel higiénico y hacen que te pique la garganta como si fueses un fumador compulsivo. Aun así, tengo que admitir que estoy como loca con estos poquitos días de sol y calor que ha hecho (no he podido salir mucho a la calle, pero los he pasado tirada en la terraza leyendo, ea! ò_ó), y ayer aprovechando que me encontraba un poco mejor pasé el día con Sara de aquí para allá, fichando sitios para futuras sesiones de fotos, cotorreando y comiendo cosas ricas.

Fuimos al jardín botánico de Santa Catalina dispuestas a hacer un picnic y fichar sitios interesantes por allí, pero al llegar descubrimos que había que andar más de lo previsto y que estaba cerrado. Así que comimos en el merendero del lugar y nos prometimos que volveremos en otra ocasión con menos peso y zapatos planos! XD
Sandwiches con pan de molde casero de pasas y nueces, empanadillas de pollo al curry y quesada con mermelada de fresa! >w<
Toda digna a pesar del catarro XD

"Haz la foto ya que tengo mucha hambreee!"

Hacía muy bueno y era un sitio super tranquilo, así que comimos sin prisa y decidimos bajar al pueblo de Villodas, donde yo recordaba una zona muy bonita junto al río.
Sara estaba empeñada en que por una vez saliese en las fotos XD

A ver... creo que era por aquí...
Aunque recordaba el camino, realmente sólo hacía falta seguir el ruido del agua. El río estaba muy crecido y se oía de lejos!
Sara estaba guapísima, el Fragrant Rose de Aatp es realmente una pasada *_____*
Modelos valientes que se apoyan en muros llenos de arañas XD
Detalles del Fragrant Rose

Tras espantarnos con el tamaño descomunal de los bichos del lugar (a lo que sumamos que hoy una amiga me ha comentado que suele haber serpientes XD) decidimos volver a la seguridad de la civilización en busca de un helado con el que terminar la tarde.
Si visitais Vitoria, teneis que probar los helados de Breda. Los mejores de la ciudad sin duda >w<

Fue un día fantástico, a pesar de que llegué a casa con mi catarro en un estado lamentable y sin una sola gota de voz. Enfermera, no me cuidas nada! XD
Zipi y Zape en acción!

Y para cerrar... gif tonto de regalo!
"Me piro de aquí que hay culebras!"

lunes, 7 de mayo de 2012

Al mal tiempo... cupcakes!

Este pasado sábado quedé con Cris y Laura, que estaba de visita por Bilbao, para merendar y dar un paseito por el centro de la ciudad (a pesar de la eterna lluvia que estamos teniendo esta primavera). Me decidí por un conjunto casual y cómodo a sabiendas de que me hincharía a cupcakes y a pasear.
Vestido: Shelly Madeleine
Cinturón: Forever21 (es la primera vez que pido a esta tienda! me ha gustado >w<)
Cazadora: H&M
Bolso: Bershka
Medias: Calzedonia
Botas: Ulanka (son de cuña, super cómodas! estoy encantada con ellas)

Cris y Laura me recogieron en la estación de autobuses y como llovía bastante nos dirigimos al Mami Lou en busca de un café calentito y algo de azucar p'al cuerpo.

Ñummm!! Café con leche y dos cupcakes para mí, cheescake para Cris y bizcocho de chocolate y pera para Laura. Adoro este sitio!! >w<

Cris con un par de vestidos de su marca, Butterfly Paradise. Hacen cosas realmente monas, os recomiendo que esteis atentas a sus ultimas novedades.
La que no sabe posar para las fotos XD
Al parecer a los chicos de Mami Lou les va bien el negocio, porque hace poco han abierto la segunda planta del local al público. Es pequeñita, pero muy mona. Me alegro mucho por ellos!
Al salir ya no llovía, así que nos acercamos al Casco Antiguo para hacer una visita al chino con mayor cantidad de chorrimemeces cutes por metro cuadrado. Es imposible salir sin haber comprado nada! >_<
Compré algunos botecitos monosos para la próxima vez que salga de viaje, una de esas espumillas para hacerse moños (que funciona estupendamente, por cierto! XD) y una agenda precioooosa que encontró Cris y al momento me la trajo >w< Gracias Cris!!
Detalle de algunas de las hojas por dentro. Me tiene enamoráh!


lunes, 30 de abril de 2012

Receta: Tarta de queso con espirales de mermelada

Como ya he terminado el proyecto final (antes de tiempo! awesome! XD) ahora me sobra tiempo para dedicarlo a leer, preparar cositas ricas e incluso volver a engancharme a los sims de Facebook (aunque esto último no es del todo positivo ¬¬). Así que hoy os traigo una receta que saqué del blog Kanela y Limon (el cual os recomiendo muchísimo!) y que decidí probar el otro día para el cumple de mi tía: tarta de queso con espirales de mermelada. Allá vamos!


INGREDIENTES
Base:
- 150 gr de galletas digestive
- 70 gr de mantequilla


Relleno:
- 600 gr de queso tipo Philadelphia
- 200 ml de nata
- 150 gr de azucar
- 3 huevos



MANOS A LA OBRA!

Precalentamos el horno a 180ºC.

Trituramos las galletas y las mezclamos con la mantequilla derretida para conseguir la base de la tarta. Si no teneis picadora tendreis que hacerlo a mano, que es un poco rollo, pero bueno u___u.





Extendemos la pasta resultante por todo el fondo del molde, aplanándolo hasta que quede más o menos regular (a mí no me ha quedado muy elegante esta vez XD)



Mezclamos el queso con el azucar y cuando está bien integrado se añade la nata y se vuelve a mezclar. Es importante que hagais todo esto a mano, sin batidora, ya que si no le entra aire a la masa y luego en el horno se agrieta.



Una vez mezclada la nata, se van añadiendo los huevos de uno en uno.




Ya tenemos la masa lista! Se vuelca sobre la base de galleta y se echa sobre esta las gotas de mermelada (yo he usado de frambuesa). No os corteis echando mermelada, porque le va muy bien, Yo me quedé un poco corta, para la próxima le echaré más.



Con un palillo o cualquier otra cosa puntiaguda dibujais formas con la mermelada, y listo! Al horno!



En la receta original explicaban que hay que meter el molde en un recipiente algo más grande con agua, supongo que para que la tarta se cueza o así... yo lo probé, rodeando el molde de varias capas de albal para evitar que se colara el agua, pero aun así fue un desastre =____=. Cuando volví a mirar la tarta a los 10 minutos, tenía una fina capa de agua por encima. Tuve que sacarla del horno, perder la mitad de la masa y volver a hornearla. Así que aunque el resultado final estaba muy bueno, no quedó tan bonita como podría haber quedado, y perdí mucha mermelada.
Mi consejo? Podeis probar lo del recipiente con agua, pero aseguraos MUY MUCHO de que el molde de la tarta queda totalmente protegido y no le puede entrar agua.
Y si no, hornearla a 170ºC  hasta que veais que empieza a dorarse por arriba... y listo! XD






Para cerrar, el otro día Violeth de Ophelia's Dream volvió a etiquetarme en el juego de los 11 facs... y como me divierto mucho con estas tonterías, me hace ilusión contestar a sus preguntas también >w<.

- ¿Cuál es tu libro favorito o cuál es el último que has leído? Ayer mismo me terminé "Sinsajo", el tercero de Los Juegos del Hambre. Estoy tan traumatizada que hasta he soñado con ello T______T Y aunque parecía imposible, ahora me he vuelto fangirl total del panadero.
- ¿Eres creyente? Si es así, ¿cuál es tu religión? No creo en la religión :)
- ¿A qué época te hubiese gustado haber pertenecido? Me hubiese gustado nacer en los 60/70 para poder vivir todo el boom del rock n roll, los inicios del heavy metal... aunque en España se vivieron de diferente manera, así que de todas formas no habría sido lo mismo que habiendo nacido en EEUU, por ejemplo.
- ¿A cuántos países has viajado? Hm... Holanda y Francia :)
- ¿Qué es lo que más te inspira? Yo diría que la música
- Tu print favorito, da igual la marca y si lo tienes o no: Esta es una pregunta muy difícil! Pero creo que el Alice Trump de ETC y el Black cat, Witch and the apple tree de AATP estarían en el top5 sin dudar.
- ¿Crees en los fantasmas? Ahora que es de día y luce el sol te diría que no. Pero cuando se escucha algun ruido extraño por la noche... uuuffffff XD
- ¿Cuál es el sabor para un helado que más te gusta? El de yogur con maracuya de la heladería Breda de mi ciudad! >w< im-prezionanteh
- ¿Crees que tu signo del zodiaco condiciona tu personalidad o crees que es una tontería pensar así? Creo que soy cancer hasta la médula y que mi novio no es más tauro porque no puede XD
- ¿Has tenido alguna vez una mascota? De niña tuve renacuajos y dos peces, pero no tuvieron buen final =___=. También encontré un gatito en la carretera de mi pueblo y lo escondí en casa durante todo un día, pero mi madre lo encontró y me obligó a buscarle otro dueño.
- ¿Te gusta la mitología? ¿Cuál? Me encanta la mitología vasca! (barriendo pa casa XD) de niña tenía muchos libros y cuentos sobre ella :)